miércoles, 7 de octubre de 2026

El uso de Inteligencia Artificial y el futuro que queremos

El artículo El uso de la IA en educación, decidir el futuro que queremos publicado por la UNESCO, nos invita a una reflexión profunda y necesaria: la Inteligencia Artificial ya no es una tecnología del futuro lejano, sino una realidad presente que está transformando múltiples aspectos de nuestra vida, incluida la educación de nuestros hijos.

La IA ofrece herramientas potencialmente poderosas para personalizar el aprendizaje, facilitar el acceso a la información y desarrollar nuevas habilidades. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos y riesgos significativos.

Para las familias, implica que no podemos ser meros espectadores. La IA, y en particular la IA Generativa, ha entrado en nuestros hogares a través de aplicaciones educativas, asistentes virtuales y herramientas de búsqueda que nuestros hijos utilizan. La visión de la UNESCO de "decidir el futuro que queremos" nos llama a tomar un papel activo. No se trata de aceptar la tecnología ciegamente ni de rechazarla por completo, sino de entenderla, guiar su uso y asegurarnos de que se alinee con nuestros valores y el bienestar integral de nuestros hijos.

Los riesgos que preocupan a organismos como la UNESCO, tales como sesgos algorítmicos, privacidad de datos, brecha digital, posible disminución del pensamiento crítico si se usa pasivamente, son también preocupaciones al interior de las familias ¿Cómo aseguramos que la IA sea una herramienta que apoye y no reemplace la interacción humana, la creatividad y la capacidad de resolver problemas de forma independiente? ¿Cómo garantizamos que su uso sea equitativo y no profundice las desigualdades?

La clave, desde esta perspectiva, es abordar el tema desde un enfoque humanista y ético, así, la tecnología debe estar al servicio de las personas.

¿Qué significa para las familias? Priorizar el desarrollo de habilidades críticas, la seguridad digital y el diálogo constante sobre cómo y por qué usamos estas herramientas. La IA puede ser un aliado extraordinario, pero solo si la manejamos con conciencia, criterio y poniendo en el centro el bienestar de nuestros hijos.

Algunas recomendaciones de uso de la IA para Familias:

Diálogo abierto y continuo:

    • Hablar con los hijos sobre qué es la IA, cómo funciona (de manera simple) y dónde la encuentran (en juegos, buscadores, apps educativas).

    • Discutir juntos sus beneficios (rapidez, información) y sus limitaciones (puede equivocarse, no "entiende" como un humano, puede tener sesgos).

    • Fomentar un ambiente donde puedan preguntar y expresar dudas o preocupaciones sobre la tecnología que usan.


Fomentar el pensamiento crítico:

    • Enseñar a tus hijos a no aceptar ciegamente lo que una IA les dice. Fomentar la verificacion de la información en otras fuentes.

    • Plantear preguntas como: ¿De dónde saca la IA esta respuesta? ¿Podría haber otra perspectiva? ¿Es esta la mejor solución o solo la más rápida?

    • Utilizar la IA como un punto de partida para la investigación o la creatividad, no como el punto final.


Priorizar la privacidad y la seguridad:

    • Revisar la configuración de privacidad de las aplicaciones y herramientas de IA que usan. Limitar la recopilación de datos personales.

    • Enseñar a los hijos sobre la importancia de no compartir información personal sensible con chatbots o plataformas de IA.

    • Establecer reglas claras sobre qué herramientas pueden usar y bajo qué supervisión, especialmente los más pequeños.


Uso como herramienta de apoyo, No de reemplazo:

    • Animar a usar la IA para superar bloqueos (buscar una idea para una redacción), explorar temas complejos o practicar habilidades pero no para que haga el trabajo por ellos.

    • Valorar el esfuerzo, el proceso de aprendizaje y la originalidad por encima de la respuesta "perfecta" generada por una máquina.

    • Asegurarse de que la IA no reemplace actividades fundamentales como la lectura profunda, la escritura manual, el juego libre o la interacción social cara a cara.


Desarrollar habilidades momplementarias:

    • La IA puede procesar datos, pero la creatividad, la inteligencia emocional, la colaboración y la resolución de problemas complejos siguen siendo habilidades humanas cruciales. Fomentar actividades que las desarrollen.

    • Promover la alfabetización digital y mediática: entender cómo funcionan las tecnologías, reconocer noticias falsas o contenido sesgado.


Equilibrio y Bienestar:
    • Establecer límites de tiempo de pantalla razonables que incluyan el uso de herramientas de IA.

    • Asegurarse que haya un equilibrio saludable entre las actividades digitales y las desconectadas, como por ejemplo deporte, arte, naturaleza, tiempo con amigos.

Adoptar algunas de estas prácticas puede ayudar a navegar el creciente mundo de la IA de una manera informada y responsable, asegurando que la tecnología sirva para potenciar el aprendizaje y el desarrollo de los niños, en línea con una visión humanista y ética como la que promueve la UNESCO.


martes, 25 de agosto de 2026

Desmitificar el algoritmo: la naturaleza genuina de la IA

El término inteligencia artificial (IA) no dice nada significativo, y por ello, es que existen tantas discusiones y desacuerdos sobre el término. Se espera que la IA emule la mente humana, cuando en realidad se trata de sistemas de clasificación y optimización de patrones basados exclusivamente en datos.

En sintonía con lo expuesto por Kate Crawford en la obra “Atlas de la Inteligencia Artificial”, la inteligencia artificial no es ni inteligente ni artificial en el sentido convencional. No es simplemente un software inteligente, sino una tecnología con profundas implicaciones ambientales, económicas y políticas que automatiza clasificaciones preexistentes, pero aún es incapaz de alcanzar la comprensión profunda o el razonamiento general humano. Hay que tener presente que esta cantidad de datos es proporcionada por humanos, esto significa que la IA es entrenada con personas que proporcionan conversaciones y ayudan a mejorar el flujo de la conversación. Por ello, el sesgo es un tema vinculado directamente con esta tecnología.

Podemos entonces aproximarnos a una definición de la inteligencia artificial, como una entidad que combina aspectos físicos y materiales, compuesta de recursos naturales, combustibles, mano de obra, infraestructuras y clasificaciones.

El funcionamiento de una inteligencia artificial generativa es estadístico pero no semántico. Si bien se ha logrado un gran avance en procesamiento de lenguaje natural, al menos hasta hoy, las máquinas tienden a ser menos efectivas ante la demanda de una comprensión profunda.

La principal diferencia con el desarrollo digital y el funcionamiento algorítmico no está dada por el nivel de información que puede manejar una consciencia o una inteligencia, sino por el principio orgánico de autoafectación de la singularidad. La máquina es afectada directamente en un sentido de acumulación y funcionamiento, pero no puede autoafectarse, es decir, no es lo mismo tener información que hacer la experiencia. En síntesis, la principal diferencia está en que la IA no tiene relación con la experiencia.

Si el cerebro no piensa, sería muy extraño que la máquina de IA pudiera pensar. Pero sin cerebro no hay pensamiento. Sin embargo, el cerebro solo no piensa, lo hace a través de una interfaz que es parte de un conjunto orgánico.

Esta discrepancia entre la naturaleza puramente probabilística de la IA y las expectativas humanas desemboca en el principal conflicto que atraviesa a la universidad contemporánea: la disyunción entre lo verosímil (o plausible) y lo verdadero.

En un detallado análisis, Faraón Llorens-Largo y Rafael Molina-Carmona advierten sobre el fenómeno de la "plausibilidad sin veracidad". La #IAGenerativa está diseñada para generar respuestas convincentes y fluidas, pero totalmente indiferentes a su anclaje en el mundo real. Puede generar tanto correctas formulaciones científicas como "alucinaciones" elaboradas a partir de citas bibliográficas inexistentes o inferencias lógicamente pero no verdaderas.

La creatividad algorítmica es lo positivo del ChatGPT, otra idea que nos proponen los autores. En este sentido, la exposición cotidiana a la tecnología puede hacer que nos apartemos de nuestros objetivos. Resistir la fascinación tecnológica es "el desafío" de estos tiempos. El “estar siendo”, es la cultura de la existencia. 

La encrucijada no exige que la Universidad compita contra la velocidad o el volumen de producción de las máquinas, sino focalizarse en profundizar donde el algoritmo solo sintetiza, y propiciar la primacía de la duda. La finalidad es garantizar que el avance tecnológico permanezca al servicio del hombre, el pensamiento crítico y el bien común.

Como señalan Llorens-Largo y Molina-Carmona, en la era de la IA generativa "la verdad no desaparece, pero se vuelve mucho más costosa de verificar". La sobreabundancia de textos plausibles traslada la carga de trabajo desde la producción hacia la validación. 

En este contexto, cabe la pregunta: ¿Qué aspectos epistémicos, pedagógicos y ético-políticos deben orientar a la educación superior en esta era de automatización?

La Universidad tiene la misión de ser "el filtro" de los aspectos mencionados, capaz de discernir entre la acumulación de datos y la construcción genuina de conocimiento.


Fuente: Dellepiane, P. A. (2026). Reseña de «La inteligencia artificial no piensa (El cerebro tampoco)» de M. Benasayag y A. Pennisi. Revista Iberoamericana de Tecnología en Educación y Educación en Tecnología (TEyET), (43), e15. https://teyet-revista.info.unlp.edu.ar/TEyET/article/view/4554/2052

jueves, 16 de julio de 2026

IA y el mundo del trabajo (Parte II)

Hace unas semanas atrás me encontré con esta imagen que me lleva a pensar nuevamente en el impacto de la #IA y la #robotización en la interacción hombre-máquina: 



Recordé lo que había leído en el último libro de Eduardo Levy Yeyati y Darío Judzikn: “La automatización reemplaza tareas que las personas realizan bastante bien con tecnologías”.


Es decir, la IA puede resolver situaciones propias de los humanos con instrucciones complejas, pero cuesta explicar lo que hacemos sin darnos cuenta: ¿cómo explicarle a un algoritmo, por ejemplo, el proceso de andar en bicicleta, atarse los cordones de las zapatillas, o subir una escalera?

La IAGenerativa marcó un punto de inflexión. Parecería que, a diferencia de la automatización tradicional, esta tecnología no viene a reemplazar la "fuerza física", sino las actividades que demandan del conocimiento y el desarrollo de capacidades muy propias de la inteligencia humana.  

Con la llegada de la IAGenerativa, Yuval Noah Harari, declaró que la IA ha venido a "hackear el sistema operativo de la humanidad", impactando directamente en las profesiones más sofisticadas.


Ante este panorama, surgen preguntas inevitables:

¿Existirá, en un futuro no muy lejano, algún/nos trabajos que sean realmente inmunes a la automatización?


En este contexto, los empleadores enfrentan desafíos como regulaciones desactualizadas y una cultura organizacional resistente al cambio, lo que suma complejidad a la situación. Según el informe del Observatorio de Innovación Educativa, "Retos de la transformación digital en universidades latinoamericanas", la adopción efectiva de estas tecnologías requiere una inversión significativa en la formación de talento y en la creación de políticas públicas que promuevan la inclusión digital​. Se valoran cada vez más las habilidades para liderar equipos híbridos -humanos y algoritmos- y la gestión de procesos automatizados.


En el post anterior, IA y el mundo del trabajo (Parte I) traíamos el libro Automatizados. Vida y trabajo en tiempos de inteligencia artificial y cuatro disparadores que los autores nos invitan a reflexionar en clave de interrogantes: 


  • ¿Qué efecto tendrá la tecnología sobre la probabilidad de conseguir trabajos de calidad?

  • ¿Qué herramienta de distribución de ingresos reemplazará el trabajo cuando este escasee?

  • ¿Existe una trinchera del trabajo humano que sea inmune a la automatización?

  • ¿Qué haremos con las horas de ocio a medida que se vayan acumulando?

Conforme la IA se integra en los procesos de toma de decisiones y ejecución de tareas, los futuros graduados se encontrarán con un mercado laboral en el que las habilidades cognitivas medias y básicas pueden estar cada vez más sustituidas por robots y algoritmos. Pero a su vez, los pronósticos apuntan a la apertura de espacios para la especialización en análisis crítico, creatividad, resolución de problemas complejos y gestión de equipos multidisciplinares.

Si la IA genera abundancia material, es decir, si las máquinas pueden producir casi todo lo que produce un ser humano a un bajo costo, lo que se vuelve escaso no es el producto, sino el componente humano detrás de él.

En esta entrevista, José María Lassalle aborda un tema que toma relevancia en tiempos de datos sintéticos y el mundo del trabajo: la Renta Básica Universal.

En un mundo donde se habla que la IA parece estar compitiendo con la creatividad, el conocimiento y hasta las decisiones, la automatización amenaza a empleos en diversos sectores hacia 2030. Esto plantea un dilema entre 2 escenarios:


👎 Escenario negativo: desempleo estructural, aumento de desigualdades.

👍 Escenario positivo: redistribución de tareas, reducción de jornada laboral, liberación de tiempo para la creatividad y el cuidado.


Si el trabajo deja de definirnos, ¿seremos capaces de reconfigurar nuestras vidas y encontrar un nuevo propósito en el ocio creativo?


¿Es entonces la Renta Básica Universal (RBU) una posible solución a un contexto de automatización? ¿Es una solución inevitable para garantizar seguridad material a todos los ciudadanos frente a la pérdida de empleos?


Coincido con Lassalle en que la clave está en construir un marco humanista que combine regulación, innovación y políticas redistributivas, y la RBU es una herramienta viable de implementar para sostener la dignidad humana, pero que debe insertarse dentro de un humanismo tecnológico cuyo objetivo sea garantizar que la tecnología siga estando al servicio de la humanidad y no al revés.


Para finalizar, sigue abierta la pregunta: ¿Cómo se logra entonces integrar un enfoque multidisciplinario en donde los educadores sean parte de los desarrollos de IA?