viernes, 10 de julio de 2020

Diseño de experiencias de aprendizaje en tiempos de #COVID19

En estos últimos 3 meses ha quedado aún más evidente que vivimos en un mundo de cambios permanentes.  Llegando al final de la primera parte del ciclo escolar en el hemisferio sur, y un balance a priori nos llega a concluir que hemos podido integrar lo digital a nuestras prácticas cotidianas, claro, teniendo en cuenta la gama de todos los matices.

Más allá de todo lo que ha significado y representando -y continúa- esta "inmersión digital", es también un buen momento para reflexionar sobre nuestras prácticas docente y poner en marcha nuevas estrategias acordes a las "nuevas realidades" que nos esperan.

Así, las tecnologías no solo son "nuestras aliadas", sino que se han vuelto las herramientas necesarias e imprescindibles para trabajar y poder hacer real la continuidad pedagógica. Pero.... ¿qué significado adquiere en este contexto particular que nos toca transitar ser “digitalmente competente”?

Mucho se ha escrito sobre la competencia digital del profesorado, pero me parece relevante destacar que la “digitalización del docente” no pasa únicamente por adaptarse al software educativo, sino que implica generar una identidad digital en una cultura global y digital, que consiste en una transformación en habilidades personales, con profundos cambios en la gestión profesional pero también en las funciones en el aula.

Aquí dejo una construcción colaborativa "en vivo" en el marco de un curso de capacitación docente:


Un estudiante aprende mejor si es posible articular conceptos, habilidades, valores, para dar respuesta a situaciones reales pero...  ¿por dónde empezar? Qué es primero, ¿la herramienta o la estrategia?

Sabemos también que la vinculación entre las formas de aprender y el uso de herramientas digitales no es automática: requiere fundamentalmente de intención, diseño e implementación. 

En este sentido, comparto la distinción entre actividad, artefacto y herramienta, que nos permite situar la relación entre lo pedagógico y lo tecnológico dentro de un proyecto: lo tecnológico, entre otras cosas, refuerza la motivación, potencia la competencia digital y promueve las alfabetizaciones múltiples de nuestro alumnado pero, en todo caso, lo educativo debe primar siempre sobre lo tecnológico. Esta secuencia se puede ver muy bien detallada y ejemplificada en el documento Artefactos Digitales (versión 2020) elaborado por el grupo Conecta13.

Cabe hacer un alto para definir qué es un artefacto digital, según esta distinción:

"Un artefacto digital es un producto generado por medio de dispositivos electrónicos dentro del marco de un proyecto de aprendizaje, sea por el docente o por los estudiantes, es decir, es el resultado de una actividad de aprendizaje que, para su producción, es necesario el uso de alguna herramienta tecnológica". Además, el uso de artefactos debe favorecer oportunidades de retroalimentación durante el proceso de aprendizaje, además de favorecer oportunidades para aplicar conocimientos en diversos contextos.
En el documento es posible acceder a un conjunto de artefactos digitales (blog, podcast, línea de tiempo, video, infografía, geolocalización, mapa mental...) para diseñar actividades de aprendizaje.

En primer lugar, se describe brevemente el artefacto digital, luego se analiza qué tipo de actividades se pueden generar con ese artefacto y, finalmente, se muestran las herramientas que nos permiten crear el artefacto, así como ejemplos y proyectos en los que se hayan utilizado.


Imagen extraída del post  https://e-aprendizaje.es/2020/05/24/artefactos-digitales-y-diseno-de-retos-de-aprendizaje-en-directoinap/

En este sentido, definir qué actividad queremos realizar es el paso previo a elegir el artefacto y la herramienta que necesitamos. Sin dudas este nuevo escenario requiere de nuevos aprendizajes y capacidad para asumir cierta autonomía que nos permita identificar tanto nuestras necesidades como nuestras oportunidades de aprendizaje.
Recomiendo la lectura atenta de la guía, es un insumo muy potente para empezar a planificar el próximo cuatrimestre.

domingo, 14 de junio de 2020

#COVID19: Tiempos también de recalcular nuestro Entorno de aprendizaje

Antes del COVID-19, mucho se leía acerca que el aprendizaje sucede más allá de los espacios formales y escolares: aprender en la Red resulta una actividad tan relevante como aprender en otros contextos y, por tanto, también es posible establecer conexiones para conversar, intercambiar información y construir conocimiento.
Para la tarea docente la Red resulta también una gran fuente de desarrollo profesional: reside en la capacidad de aprender, tanto de fuentes científicas como de la interacción con otros colegas que no necesariamente residen en la misma institución escolar. Nuevos modos de aprender, implican nuevos modos de enseñar, por ello, la gestión y el desarrollo del Entorno Personal de Aprendizaje (PLE)  puede ser respuesta al reto de los nuevos aprendizajes.
En 2012 tomé mi primer contacto con el concepto de PLE, a través de Linda Castañeda y Jordi Adell. Luego, en el 2014, hice un curso MOOC ofrecido por el INTEF (España) sobre PLE con la autoría de David Alvarez. Y allí tuve mi experiencia concreta, desde el hacer. Porque el PLE se tiene que experimentar y, en estos tiempos de "docencia de emergencia mediada por tecnología" tomó mayor relevancia. Para definir el concepto de PLE, aquí comparto 2 definiciones:  
Un PLE es la combinación híbrida de dispositivos, aplicaciones, servicios y redes personales que empleamos para adquirir de forma autónoma nuevas competencias para la resolución de problemas” (David Alvarez).
“Un PLE es el conjunto de herramientas, servicios y conexiones que empleamos para alcanzar diversas metas vinculadas a la adquisición de forma autónoma de nuevas competencias” (Linda Castañeda y Jordi Adell).
Podemos decir que todos siempre tuvimos un PLE: en nuestra familia, en la escuela, alguna academia para aprender idioma, deporte,...., sin embargo, el concepto de PLE toma fuerza hace algo más de 10 años con la “explosión” de la web 2.0 y los servicios de redes sociales para buscar y organizar  información, generar nuevo contenido, pedir ayuda, participar de grupos y redes de conocimiento.  Sin dudas estar en redes sociales exige un aprendizaje continuo y una mentalidad abierta al cambio, nuevos códigos en las comunicaciones y una actualización en la cultura y alfabetización digital que desde mediados de marzo se puede percibir en escala ascendente.

Los PLE utilizan los medios sociales y la tecnología para conectar, comunicar, colaborar y crear con otros profesionales en cualquier lugar y en cualquier momento. Pero el punto clave del concepto de PLE es la idea de entorno, contexto, lugar, que nos facilita y permite aprender con otros. Hoy, este entorno o lugar  es 100% digital.
¿Cómo potenciarlo? Hoy más que nunca tenemos que ser muy creativos pero sobre todo aprovechar para aprehender (con H)  a gestionar la información y desarrollar la comunicación digital, para pensar en un aprendizaje continuo. 


Del resultado de investigaciones actuales, el concepto de PLE está en la base de los enfoques pedagógicos emergentes. Así, en el artículo Impacto del concepto PLE en la literatura sobre educación: la última década, en la revista RIED (2019), Castañeda y otros presentan 3 enfoques temáticos de PLE:
  • Prácticas pedagógicas.
  • Aprendizaje autorregulado.
  • Desarrollo profesional docente. 

De los 3 enfoques, me gustaría centrarme en el PLE como “Desarrollo profesional docente”. Así, rescato el concepto de PLE como nuevo paradigma de ORGANIZACIÓN del aprendizaje, una organización que hace un uso intencional de los procesos de aprendizaje a nivel individual, grupal y del sistema. Quedó en claro que tenemos que declararnos “aprendizajes permanentes”. Si había alguna duda sobre esto, el COVID-19 nos lo demostró. Todos estamos aprendiendo de manera “expres” a enseñar en un contexto de virtualidad completa.


Las tecnologías han tomado un lugar relevante y necesario para crear, gestionar, enriquecer, ampliar y adaptar nuestro entorno de aprendizaje, a modo de síntesis, comparto 10 ideas centrales:

#1- Es momento de “romper” estructuras tradicionales y necesitamos ubicar al estudiante en el centro del aprendizaje. Para ello, es importante “tomar” las redes y entornos digitales donde ellos están según los niveles educativos) y resignificarlos. 

#2- Aprovechar las posibilidades de los PLE para borrar los límites entre el aprendizaje formal e informal.

#3- PLE como realidad mixta entre lo tecnológico y lo pedagógico (poder internalizar el concepto como una hibridación).

#4- Aprender y enseñar hoy: la red y se amplifica/ modifica nuestro PLE.

#5- Personalizado no es lo mismo que Individualizado. El potencial es aprender en comunidad.

#6- Un nicho para seguir desarrollando el potencial analítico del PLE que busquen entender la realidad que da cabida a los PLE desde propuestas metodológicas ambiciosas.

#7- Pensar en red tiene que ver con la posibilidad de pensar los medios que utilizamos, las herramientas que proponemos y hacerlo con un espíritu crítico.

#8- El potencial del PLE para desarrollar con perspectivas más holísticas en la enseñanza y el aprendizaje (andamiaje profundo).

#9- El PLE, ¿lo utilizamos para aprender o para trabajar?

#10- La parte más importante de un PLE son las personas con las que interactuamos y nos comunicamos habitualmente (hoy en totalidad de manera virtual) y, por tanto, las herramientas que nos facilitan buscar, encontrar y “conectar” con dichas personas.

domingo, 17 de mayo de 2020

Humanidades digitales en tiempos de #COVID19

Desde los inicios del siglo XXI, la caracterización de lo digital viene asociado a nuevos formatos de representación, como es la hipertextualidad, los microcontenidos, la organización reticular o en red de los contenidos y de las relaciones. También han tomado relevancia conceptos más complejos como transmedia y escenarios de realidad virtual y 3D. Literalmente, en palabras de Manuel Area, hemos pasado de la cultura del libro a los entornos digitales.

Sin dudas, la expansión de la realidad generada por este espacio digital produjo nuevas condiciones culturales y sociales, nuevas formas de generar conocimiento para dar respuestas también a nuevas situaciones propias de la interacción hombre-máquina. Así, la forma de comunicación comenzó a tomar una dimensión multidireccional, las interfaces nos permiten comunicarnos a través de todos los sentidos, no solo el textual. Comenzaron a tomar relevancia la realidad virtual que permite establecer experiencias de aprendizaje en entornos inmersivos que simulan, amplifican un contexto físico al que no podemos tener acceso. 
El crecimiento exponencial de la información, nos llevó a introducir conceptos como Big Data, Inteligencia Artificial, Computación Cuántica, y así, nos encontramos en un escenario donde la tecnología comienza a tomar decisiones por nosotros, sobre nuestras intervenciones, sobre nuestra “huella digital” que ha crecido también de manera exponencial en estos últimos 2 meses, luego del confinamiento obligatorio a causa del COVID19.

Esta expansión tecnológica también ha generado un uso “masivo” de tecnología en la educación, sin embargo, la crisis del COVID19 nos ha puesto en evidencia que quizás todo lo “potencial” que resultaba el discurso de inclusión de tecnología y de ser competente digitalmente -con los recursos adecuados- fue posible concretarlo en estas escasas semanas. 
Antes de marzo 2020, muchos vivíamos conscientes de estos grandes cambios que nos traía la tecnología, pero sin dudas estamos en presencia de una aceleración en estos tiempos, donde nos encontramos viviendo nuestra vida en “escenarios virtuales“, intempestivamente pasamos a vivir escenarios presenciales, en 3D,  a escenarios virtuales en 2D. Así, el alto uso de las tecnologías nos constituye hoy como sujetos visibles.
Antes de marzo 2020, también veníamos escuchando que el uso de la tecnología digital no
garantiza una pedagogía innovadora, y mucho menos un mayor aprendizaje. Transformar la educación que incorpore tecnología requiere de una planificación en el tiempo, revisar el diseño de la enseñanza, la tarea docente, el sentido del aprendizaje y especialmente tener en cuenta lo posible y deseable en cada contexto. Así, la “novedad” no es la tecnología, sino el aporte que pueda generar esta interacción tecnológica en el desarrollo de otras formas de acción, pensamiento y aprendizaje que son parte de la complejidad educativa en red (Cristóbal Suárez, 2016).

En estos escasos 2 meses, la  relación entre las Humanidades Digitales y la Pedagogía comenzó a tomar una relevancia significativa: lo digital como parte de lo pedagógico está ocupando un lugar central en estos tiempos, y en particular en la enseñanza. 
La digitalización del docente supone no solo adaptarse a un software educativo, sino que implica un paso más, es decir, una transformación en las habilidades que lo lleven al desarrollo de una identidad digital. La dimensión conceptual de web 2.0 “reabre” la posibilidad de buscar un sentido pedagógico al uso de los beneficios de la red y las ventajas de la comunicación e información interactiva. Mucho se ha hablado del docente prosumidor, curador de contenidos, conceptos que toman fuerza y sustento concreto en estos tiempos, e interpela la labor docente en la adquisición consciente y reflexiva del uso de recursos de la Red.


Sabemos que las habilidades, la creatividad y la innovación tienen que abordarse desde la infancia y a lo largo de la vida académica pero, ¿cómo continuar, sin perder el camino, resignificando en la virtualidad?

Los tiempos actuales exigen una expansión y adaptación de los enfoques pedagógicos a las nuevas posibilidades existentes (Romero Frías, 2016): 
  • Participación en múltiples formas de cultura digital: cultura de las pantallas, de lo
  • oral, del remix, de lo visual, de lo transmedia, del prototipo y del diseño.
  • Reivindicación de la cultura libre y de una ética hacker.
  • Potenciación de lo interdisciplinar/transdiciplinar/multidisciplinar.
  • Trabajo en equipo en innovadoras formas de co-creación con el consiguiente
  • replanteamiento de las formas de autoría y del reconocimiento académico.
  • Exploración de formas de emprendimiento y de transferencia de conocimiento e implicación social ligadas a los fenómenos de digitalización y apertura.
Es tiempo de repensar las condiciones y posibilidades del entorno educativo de forma global: lo que añade Internet y el mundo digital no son solo herramientas, sino nuevas condiciones culturales y sociales para pensar los procesos de aprendizaje. Es necesario construir desde nuestros principios y enfoques educativos.  También, es momento que comenzar a resignificar muchos de los paradigmas de docencia que se venían ejerciendo: hoy, en un nuevo entorno que se presenta totalmente digital pero que, cuando volvamos a las aulas, muchos imaginan que será también diferentes al que dejamos a comienzos de marzo del 2020.
Ahora, el desafío pedagógico que tienen las Humanidades Digitales será poder añadir significado educativo a los procesos de aprendizaje en un contexto de hibridación de entornos educativos formales, donde sin dudas la vinculación con nuestros estudiantes tendrá también repensarse en otros tiempos y espacios.

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Romero Frías, E. y Suárez Guerrero, C. (2018). Ciencias Sociales y Humanidades Digitales: un enfoque de aprendizaje cooperativo, abierto, público y experimental. En Galina Russell, I., Peña Pimentel, M., Priani Saisó, E. et al (coords), Humanidades Digitales: recepción, institucionalización y crítica (pp. 82-121). Ciudad de México: Bonilla Artigas Editores.