sábado, 10 de septiembre de 2022

Reflexiones: IV Jornadas de EaD en nivel superior - #FCEDU_UNER 2022

Durante los días 11 y 12 de agosto se realizaron las IV Jornadas de Educación a Distancia en nivel superior, organizadas por la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER. 

El lema de estas jornadas fue Virtualidad, pandemia y después: transformaciones en educación superior en modalidad híbrida: con paneles, mesas de intercambio y conferencias especiales en modalidad presencial y virtual. 

Los videos de las conferencias plenarias se encuentran disponibles en el canal de youtube de la Facultad de Ciencias de la Educación - UNER 

Es de destacar que en estas jornadas han participado graduados y estudiantes de la Especialización en Producción de Contenidos y Ambientes Digitales Educativos, la primera carrera en modalidad exclusivamente virtual, y de la cual soy parte del cuerpo docente. 

En la conferencia inaugural, Teresa Lugo se refirió a la necesidad de pensar a la tecnología «como bienes públicos». Asimismo, remarcó que «no hay que confundir tecnología con calidad educativa» al tiempo que, para el desarrollo de nuevas propuestas híbridas en Educación Superior, es importante pensar las trayectorias o itinerarios curriculares de manera articulada con diversos departamentos y nuevas áreas académicas, en pos de trabajar en una adecuación normativa y curricular en el marco de un nuevo modelo tecnopedagógico.

Roberto Igarza, planteó algunos criterios para pensar la presencialidad y las aulas híbridas. El vínculo entre el aprendizaje y la atención comenzó a estrecharse. La atención fragmentada de hoy está lejos de la atención "tradicional", producto del crecimiento exponencial de las mediatizaciones.

Podemos referirnos a 3 clases de hibrideces:

  • un modelo alternado secuencial, fundado en la sincronía,
  • un modelo híbrido fundado también en la sincronía y basado en la opción simultánea,
  • un modelo híbrido basado en la combinación de diversas formas de presencialidad.

Estar presente es estar en el tiempo de la conversación, en una extensión del espacio que contiene energía y, en este sentido, existen diversos modos de estar presente, diversas combinaciones de formas de presencialidad que se encuentran entre dos extremos: presencia física y ausencia.  

Entonces, ¿qué vuelve verosímil la presencial? 

No alcanza con "estar a la vista" sino que es necesario experimentar simultáneamente el momento, por ello, podemos afirmar también que hay grandes ausencias en la presencialidad física. Concluimos entonces que, en estos nuevos escenarios híbridos, todas las presencias son imperfectas.

El día viernes 12 de agosto, participé de manera virtual en el EJE 2: Prospectivas: territorialidad, virtualidad y derecho a la educación, junto a colegas de diferentes instituciones y coordinado por Ignacio Aranciaga.



Reflexionamos sobre los aprendizajes conseguidos durante la Pandemia, en el que también se pudo evidenciar una sobrecarga de lo sincrónico y un esfuerzo individual de apropiación de las tecnologías adaptadas a las necesidades curriculares.

¿Es posible pensar una enseñanza híbrida pospandemia?

Sin dudas, hubo una redefinición del TIEMPO y el ESPACIO, acompañados de interrogantes y desafíos que nos hemos detenido a pensar, como por ejemplo: cuando hablamos de clase presencial, ¿significa que no es virtual? En una clase sincrónica, ¿no hay presencia? ¿Es que no hay presencia en la virtualidad?  ¿Pueden ser la presencialidad y la distancia parte de un mismo camino formativo? 

Entonces, ¿qué nuevos espacios de aprendizaje necesitan ser pensados para aprovechar el potencial de estas tecnologías desde una matriz didáctica?  ¿cómo pensar la futurabilidad de la presencia que nos trajo en su conferencia Igarza?

Comparto 4 ideas fuerza para tratar de dar respuesta: 

  • Ser autónomo no es ser solitario
  • Distancia no significa soledad
  • La presencia también está en la virtualidad
  • El tiempo presencial no transcurre de la misma forma que el tiempo virtual.

Los días tienen veinticuatro horas, sí, pero la asincronía nos permite expandir la dimensión temporal si la gestionamos bien, puesto que no nos obliga a tener que hacer las cosas todos al mismo tiempo.

Sin dudas, la disponibilidad de herramientas, aplicaciones y dispositivos a los que tenemos acceso hoy, tanto docentes como alumnos, y la participación en innumerables espacios digitales, hacen que los términos “sincrónico” y “asincrónico” cobren nueva relevancia.

Hoy, todos habitamos en simultáneo espacios digitales y físicos al mismo tiempo, donde todo es real, por lo que es necesario pensar un esquema nuevo, con escenarios mixtos de presencialidad y virtualidad, diferentes a las situaciones de uso de TIC en la enseñanza o de educación totalmente virtualizada.

Desde este enfoque se entiende que los sistemas educativos necesitan, ya no sólo contenidos, sino entornos flexibles que permitan desarrollar las capacidades de autoaprendizaje, creatividad, autonomía, iniciativa y expresión multilenguaje. Diseñar para una modalidad híbrida, es pensar a la clase como una continuidad de actividades presenciales, virtuales asincrónicas y sincrónicas virtuales. No es tarea sencilla pero vale la pena intentarlo. 

lunes, 25 de julio de 2022

Transformación digital y desafíos pendientes en educación superior

¿La hibridación podría ser el argumento principal para que las universidades desarmen el modelo compartimentado de las asignaturas y ofrezcan múltiples itinerarios de aprendizaje, flexibles y autogestionados por el estudiante? ¿Será la  oportunidad definitiva para romper el estigma de que el aprendizaje a distancia es de menor calidad que el presencial? 

Aunque no todos tenemos una misma visión de lo híbrido, sí acordaremos que pensar en una educación híbrida es pensar en una pedagogía distinta.  Un formato híbrido en el que los contextos presencial y virtual se mezclan de manera permanente y constante. La asincronía, en relación directa con los entornos virtuales o plataformas de aprendizaje, también hay que aprender a usarla durante el periodo de presencialidad, y así facilitar el cambio de entornos de manera fluida, ágil y flexible.

Hace tan solo dos años era improbable imaginar una situación en el mundo de la educación como en la que ahora vivimos. Muchos han vivenciado la irrupción de la tecnología en educación como un peligro, una amenaza para el correcto proceso educativo. Los LMS (Learning Management Systems) o plataformas de aprendizaje hasta marzo de 2020, en su gran mayoría, han sido utilizadas como reservorios de archivos y recursos digitales, cumpliendo más con las características de un modelo centrado en transmitir, que en crear y construir conocimientos. Al mismo tiempo, suelen reproducir las mismas metodologías de una clase tradicional, de tipo presencial. 

También hay que decir que aún, después de lo vivido durante la Pandemia, una  parte del profesorado sigue percibiendo a las tecnologías como un mero añadido al proceso de enseñanza, y no como palancas de cambio e innovación educativa a través de las cuales podamos construir escenarios fortalecidos por ellas para la colaboración, la interacción y construir nuevas formas de relacionarnos con la realidad. (Cabero, 2020).

A continuación, comparto algunos interrogantes sin una respuesta cerrada....

Primer interrogante: ¿Se han podido superar estas barreras conceptuales durante la Pandemia? 

La virtualidad no es algo nuevo en la historia de la humanidad, nos ofrece la posibilidad de crear entornos nuevos de relación y, como tales, deben de ser tratados de forma distinta para extraer de ellos el máximo de su potencial: los entornos virtuales nos permiten rediseñar las propuestas de enseñanza. 

“Entendemos a los entornos virtuales como espacios de comunicación que permiten el intercambio de información y que haría posible, según su utilización, la creación de un contexto de enseñanza y aprendizaje en el que se facilitará la cooperación de profesores y estudiantes, en un marco de interacción dinámica, a través de unos contenidos culturalmente seleccionados y materializados mediante la representación, mediante los diversos lenguajes que el medio tecnológico es capaz de soportar” (Polanco V, 2002: 6).

Para Burbules y Callister (2001), si un usuario no logra participar eficazmente en todas las oportunidades que ofrece Internet, no se puede decir que tenga “acceso” a la Red, aun cuando posea computadora y esté conectado; si no consigue distinguir lo útil de lo inútil carece de “credibilidad”, y de los medios para evaluar la calidad de los contenidos que encuentra.

Entonces, desde esta concepción, los entornos virtuales deben considerar a las tecnologías no como un sistema de transmisión mediante el cual el docente provee información a los estudiantes, sino como un sistema potencial de colaboración en el que pueden desarrollarse distintas actividades de enseñanza que faciliten el aprendizaje. Así, un entorno virtual es un espacio propicio para el desarrollo de tareas y actividades colaborativas, haciendo uso de las herramientas de comunicación que poseen, y haciendo posible la creación de una comunidad de aprendizaje. 

Los autores también se refieren a la consolidación de las relaciones dentro de una comunidad de la siguiente manera: "la presencia social es un elemento crítico en la comunidad online, y uno de los elementos también críticos del trabajo colaborativo".

Introducir el trabajo colaborativo en el "aula", independientemente que hablemos de aula virtual o mediada, no es tarea sencilla, requiere de una planificación previa y de la preparación del diseño didáctico de actividades estructuradas en una colaboración flexible y basada en el enfoque distribuido, siendo el estudiante partícipe activo de su propio aprendizaje a través de actividades que faciliten el pensamiento y ayuden a dar forma y organizar estos pensamientos.

Las iniciativas hacia lo virtual que en el entorno de la educación también han surgido en los últimos  años (los MOOC son una de ellas, y que ha subido algunos puestos en el ranking durante los últimos 2 años), no son sino otro ejemplo más de los procesos de transformación digital que ya hemos experimentado en otros ámbitos como el turismo, el ocio, la salud, la comunicación o las relaciones sociales. 

Lo virtual o en línea, lejos de ser un constructo independiente o una amenaza es una realidad que se nos ha presentado de manera abrupta, y que a estas instancias hemos integrado de “manera natural”. 

Sabemos también que digitalizar la educación no es “virtualizar la enseñanza”, es decir, hacer lo mismo que en lo presencial. 
Digitalizar la educación es hacer relevante una experiencia de aprendizaje más allá de una plataforma tecnológica o LMS. Supone amplificar, expandir los entornos virtuales hacia entornos abiertos, creativos e innovadores de aprendizaje que incorporen y aprovechen en todo su potencial la Red y las tecnologías para el desarrollo de las prácticas docentes. 

Segundo interrogante: ¿Se han desarrollado prácticas de colaboración propicias para el desarrollo de estos entornos virtuales abiertos y flexibles durante estos años de Pandemia? 

Sabemos también que el dominio técnico y didáctico que el docente tenga de la plataforma tecnológica influye significativamente en la utilización que haga de la misma, que influye en la diversidad de actividades, recursos digitales y estrategias que es capaz de movilizar. 

Esta variable también ha repercutido en que los estudiantes se sintieran un poco perdidos en los contextos virtuales en los cuales han tenido que desenvolverse durante el período de aislamiento. Además, se han encontrado con la limitación de que su dominio de autorregulación de su aprendizaje es clave para desenvolverse en los entornos de formación a distancia.

Es también importante asegurarse la calidad de las acciones formativas que se desempeñen en la virtualidad, teniendo en cuenta las fuertes demandas que la educación a distancia ha tenido en los últimos tiempos, y que posiblemente se extiendan en el futuro. Asegurarse la calidad de las acciones será clave para el buen desempeño de las acciones formativas que son necesarias. 

Tercer interrogante: ¿Qué grado de apropiación de escenarios mixtos, que combinen lo presencial con lo virtual, en los cuales la utilización de las tecnologías se considere clave para su desempeño, hemos podido adquirir durante la Pandemia? 

El modelo de educación híbrida sirvió para responder a las necesidades de distanciamiento social pero a la vez abre el camino hacia un proceso de transformación digital de la educación que puede ayudar a construir sistemas educativos con mayor calidad, inclusión y flexibilidad. 

El modelo de educación híbrida requiere tanto distribuir los contenidos entre plataformas y clases presenciales como desarrollar modelos de enseñanza y aprendizaje que permitan asegurar interacciones significativas e integradas del estudiante con el contenido, con sus pares y con los docentes, las cuales son esenciales para el proceso de aprendizaje. 

El tiempo, el espacio y la interacción deben estar bien pensados ​​al diseñar qué temas y enfoques deben tenerse en cuenta para la enseñanza de manera física y de forma remota. 
La mayoría de nuestras experiencias de aprendizaje pueden ser consideradas como un continuo de aprendizaje híbrido. Cuando aprendemos integramos diferentes usos e intensidades de estas tres dimensiones, incluso si participamos en una experiencia de aprendizaje presencial con tecnología limitada, cuando el aprendizaje se extiende a través de las redes sociales o llamadas telefónicas con compañeros para discutir la lección, existen algunas formas de aprendizaje híbrido.

Quizás la educación digital forma parte de la transformación digital que se aceleró en estos tiempos, existe una tendencia a la convergencia presencia-distancia que supone una selección de lo "más efectivo" en cada espacio. 
Sin embargo, aún hay componentes y dimensiones para continuar trabajando en el campo de la educación superior: dimensión pedagógica de logros de aprendizajes valiosos, dimensión social plasmado en un diálogo que refuerce la interacción educativa, y una dimensión tecnológica que asume el componente mediado.

 
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Referencia: García Aretio, L. (2020). Bosque semántico: ¿educación/enseñanza/aprendizaje a distancia, virtual, en línea, digital, eLearning…? RIED. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 23(1), pp. 09-28. doi: http://dx.doi.org/10.5944/ried.23.1.25495

viernes, 8 de abril de 2022

#FormaciónIB: Reflexiones docentes frente a la educación en pandemia y postpandemia. Aprendiendo juntos

Recientemente se publicó un libro promovido por la Red Iberoamericana de Docentes, coordinador y editado por Óscar Macías, Silvio Quiñónez y Joel Yucra.

En este post se encuentra la presentación de la publicación, y aquí el enlace a la descarga directa. 


Mi contribución tiene el título: Primeras reflexiones del regreso a los edificios en tiempos de COVID19, y aquí dejo el resumen: 

Durante la Pandemia, se acentuó la necesidad y relevancia de las tecnologías digitales, especialmente de Internet, para enfrentar la crisis sanitaria y mitigar sus efectos. También tomó gran relevancia el rol del docente en este contexto. Llevamos transcurridos dos años en Pandemia y es un momento propicio para pensar en la integración del aprendizaje híbrido y la superación definitiva del binomio presencial-virtual. Por qué no pensar desde un enfoque centrado en el proceso de aprendizaje, más que en el proceso de enseñanza. En este sentido, es necesario diseñar los momentos presenciales y los no presenciales como si fueran un continuo. No debemos diseñar, por un lado, los momentos presenciales y, por otro, los no presenciales. Eliminar esta dualidad o doble formación presencial y virtual resulta un desafío para las universidades ¿por dónde empezar? A partir de la experiencia del “retorno progresiva a la presencialidad” en el artículo se realizarán algunas reflexiones y sugerencias en vistas a planificar en escenarios combinados.