domingo, 4 de noviembre de 2012

Competencias comunicativas en un entorno virtual


Chan (2000) plantea que las competencias comunicativas necesarias para la educación a distancia son la expresión, la capacidad de escucha y la interpretación, pues implican el esfuerzo por darse a entender y por comprender al otro, en la complejidad y profundidad que ambas acciones implican.

Es posible entonces inferir que las competencias comunicativas no se reducen al manejo instrumental del lenguaje y tampoco de las tecnologías, son conceptos integrales que abarcan el conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que permiten realizar una función específica.

En situaciones de enseñanza presencial, intervienen múltiples mediadores del conocimiento, tales como la tiza, el pizarrón, los manuales, libros, etc.; en tanto en una instancia no presencial, el entorno se desmaterializa y pasa a ser una representación, un soporte para la comunicación: la virtualidad posibilita estar con otros aunque no estén.

Nos preguntarnos:
 
¿Qué nuevo tipo de interacción permite a los individuos ser parte de un mismo espacio y vinculándose allí con personas, lugares y objetos a la distancia? ¿Cómo hacer para relacionarse sólo con representaciones ya no dotadas de características “palpables”? (Halaban, 2010: 63).
 
 
 
Espacios sociales distintos implican también tipos diferentes de mensajes. Por ello, los intercambios comunicativos implican usos lingüísticos que deben ajustarse en cada caso, ya que, a pesar de ser virtuales no dejan de ser espacios sociales, y por lo tanto, la producción discursiva de cada participante estará condicionada por los roles, sentidos y contextos de la situación comunicativa en cuestión.
 
Estar físicamente juntos en un aula posibilita intervenir con opiniones, comentarios, réplicas, argumentaciones sobre el contenido ¿Cómo se logra la participación en una modalidad virtual?

La participación se logra a través de espacios de debate, sea leyendo y/o escribiendo. “Escribir” sería el equivalente de hablar en una clase presencial, en tanto “leer” lo sería para con la actividad de escuchar (Halaban, 2010:80).

Ser parte activa en estos espacios y redes digitales requiere de un esfuerzo adicional en relación a las tareas en las instancias presenciales. Asi, es necesario el feedback continuo tanto individual y grupal por parte del profesor. Los alumnos necesitan orientación para el mejor uso de los recursos, como el foro. También esperan recibir respuestas de aquellos que publican desde el punto de vista de contenido.
Podemos decir entonces que, la posibilidad de generar un proceso de intercambio dependerá de la decisión de docentes y estudiantes de involucrarse con más tiempo y esfuerzo, lo cual implica disponibilidad para la lectura de los mensajes y la ilación de secuencias de interacciones
 
Creo que estamos transitando una etapa en el ámbito educativo universitario quizás oportuno para comenzar a generar estrategias de cambios profundos a nivel estructural en el mediano plazo. Aunque tal vez lo más conveniente sea poder comenzar desde el aula.
 
Dejo una pregunta, que también forma parte de una reflexión que vengo sosteniendo en estos últimos tiempos:
 
¿Es posible concluir que docentes y alumnos se sientan más cómodos dentro del paradigma actual de la Universidad, en el que los profesores continúan siendo  los que “poseen” el conocimiento de la disciplina, mientras que los alumnos pasivos, esperan incorporar los conocimientos más por el “peso” de la repetición que por el de la construcción?


 
Fuente:
 
CHAN NUÑEZ, E. (2000) Entre la tecnofobia y la tecnofilia: el desafío de una comunicación educativa. Revista La Tarea: Nuevas tecnologías en educación. Nro. 12. Publicado en http://www.latarea.com.mx/indices/indice12.htm
HALAN, P. La comunicación virtual en la educación a distancia. Ediciones Ciccus. Argentina, 2010.

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